Mi Aventura en el País de las Maravillas

Mi Aventura en el País de las Maravillas

 

Ya ha pasado un tiempo desde que presencié un hecho sobrenatural. Hace unos días, en un estado un tanto relajante en el que me encontraba, se me presentó una criatura parecida a un humano, a una niña, pero era mucho más pequeña. Esta inocente y diminuta persona cuyo nombre nunca supe soltó un aturdidor grito con su potente voz (a pesar de su microscópico tamaño), y al cabo de unos instantes, sin tener tiempo de entender la situación, me encontraba en un cuarto lleno de flores y juegos, tal como me gusta a mí, dentro de un país, dentro del país de las maravillas. Este fantástico y alegre lugar cambió completamente mi perspectiva sobre el mundo, ya que cosas que creía imposible se hicieron realidad. En fin, al levantarme de la cómoda cama en la que me encontraba la criatura pequeña que hizo esta aventura posible ya no estaba, sino que en su lugar había un pingüino que llevaba un sombrero. Frente a mí curiosidad opté por preguntarle porque llevaba un sombrero si hacía un calor el cual me resultaba insoportable. Frente a esto el pingüino sacó un caramelo de su exótica galera y me lo ofreció diciendo:

-No sé cómo me llamo, solo sé que soy un hombre, pero permíteme preguntarte,  ¿cuál es tu nombre?

Después de contarle algunas cosas sobre mí, decidí preguntarle:

-¿Por qué hablas con rima?

-No sé qué es la rima, yo hablo normal, y si me disculpas me estoy yendo al agua a pescar.

Y se despidió saludando con otro verso. Durante unos instantes no pensé que nada más extraño podía pasarme pero eso no sucedió. Cuando finalmente decidí salir del cuarto donde me encontraba apareció un perro que llevaba bigote y bastón, y para mí sorpresa solo se paraba en dos patas. Decidí preguntarle donde me encontraba y cómo fue que esa pequeña criatura con solo un grito hizo que yo aparezca aquí. El animal, cuya raza no conocía, frenó, miró su reloj y me dijo que me daba dos minutos.

-¿Qué es este lugar?- le pregunté

– Estamos en el País de las Maravillas, un lugar donde todo es posible y donde el calor, la fantasía y la alegría predominan y las cosas son casi todas positivas- me respondió el perro con una voz estructurada y seria.

– La temperatura es insoportable, en cualquier momento me muero del calor! – comenté

– No te mueras por favor, van a pensar que yo tuve la culpa. Voy a llamar a un médico! – contestó la criatura de forma muy literal.

– No voy a morir, es una forma de decir que tengo mucho calor.

– Hay que hablar con propiedad- me respondió más tranquilo el muy elegante perro con un tono de fastidio.

-¿Cómo hago para regresar a mí casa cuando finalice el día?

– Yo puedo acompañarte, pero deberá ser en este instante ya que tengo una reunión con el duque canguro dentro de una hora.

– Bueno, entonces ahora está bien- respondí para no arriesgarme a quedarme aquí para siempre por más de que fuese un lugar agradable. Sin embargo, yo no sabía que este era recién el comienzo de mi aventura.

De repente, el perro empezó a correr y a un paso demasiado rápido comencé a seguirlo. Mientras corríamos veía como los árboles se hablaban entre sí, cosa que me pareció extremadamente raro, pero no era una sorpresa comparado con todo lo que había visto durante ese día.  

Mientras seguía corriendo vi como el animal al que yo seguía entró en una casa hecha de chocolate, y decidí hacer lo mismo. Este me dijo que un poco de azúcar vendría bien para nuestra travesía. Cuando comencé a comer sentí que no tenía el mismo gusto que el que yo comía en mi mundo, pero aún así lo comí. Afuera vi que había unas peras que bajaban de un árbol y se dirigían a la parada de un colectivo (los cuales estaban hechos de cartón). Frente a esto el perro me dijo con su voz firme señalando a una de las frutas:

-Esta fruta espera

-Sí – le respondí confusa frente a su doble sentido. No estaba segura si se refería al extraño hecho de que estaba esperando un colectivo o al tipo de fruta.

Cuando salimos de la casa, seguimos nuestro camino, pero esta vez a paso más lento. Durante nuestra caminata este me contó que su nombre era DonDon, un nombre que nunca había escuchado antes.

Al cabo de unos minutos, DonDon me ordenó escondernos detrás de un árbol porque se acercaban los dragones que controlaban el país de las maravillas. Frente a mi desconcierto el perro me explicó que si nos veían juntos lo iban a castigar por estar ayudando a alguien de un mundo paralelo. Cuando los dragones se estaban acercando, DonDon dijo que era hora de despedirse, y me dijo qué camino seguir para regresar a casa. Sus últimas palabras antes de salir corriendo fueron sorprendentemente con una voz mas calida ordenandome a hacer lo mismo para no ser atrapados. Unos segundos más tarde decidí correr, y para mi mala suerte uno de los dragones me vio. El animal salvaje estaba a punto de alcanzarme cuando finalmente llegué a una puerta que me resultaba familiar pero no podía recordar porqué. En ese momento ingresé por esa puerta tal como DonDon me había dicho, y cerré el portón con todas sus trabas para que la criatura no ingrese.

Cuando entré me encontré nuevamente con esa muñeca que había conocido al principio de esta aventura y me ordenó acostarme en una cama. Al cabo de unos segundo escuché nuevamente un grito, como en el comienzo del día, y aparecí en mi casa, justo donde había comenzado esta historia.

Desde aquel día, nunca más volví a creer que algo fuese imposible y sueño con algún día pueda volver al fantástico país de las maravillas, donde todo es posible y donde todavía me quedan millones de cosas por recorrer.

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